Criptomonedas, energía y dinero: el caso de Tlaola debe investigarse a fondo

Lo que ocurrió en Tlaola, en la Sierra Norte de Puebla, merece una explicación a fondo. Ahí fueron encontrados cerca de 300 equipos utilizados para la minería de criptomonedas, además de instalaciones eléctricas y sistemas de comunicación. No estamos hablando de unas cuantas computadoras. Montar y mantener una operación de ese tamaño requiere una inversión importante, conocimientos técnicos y, sobre todo, grandes cantidades de energía.

Alejandro Carvajal

9/8/20262 min read

Criptomonedas, energía y dinero: el caso de Tlaola debe investigarse a fondo

Lo que ocurrió en Tlaola, en la Sierra Norte de Puebla, merece una explicación a fondo.

Ahí fueron encontrados cerca de 300 equipos utilizados para la minería de criptomonedas, además de instalaciones eléctricas y sistemas de comunicación. No estamos hablando de unas cuantas computadoras. Montar y mantener una operación de ese tamaño requiere una inversión importante, conocimientos técnicos y, sobre todo, grandes cantidades de energía.

Además, existe un antecedente. En 2025 ya se habían detectado instalaciones relacionadas con la minería de criptomonedas en Nuevo Necaxa.

No podemos afirmar que ambos casos estén relacionados, porque eso corresponde determinarlo a las autoridades. Pero tampoco podemos ignorar que, en una misma región de Puebla, ya han aparecido dos casos vinculados con este tipo de actividad.

Las criptomonedas no son ilegales. La minería digital tampoco lo es. El problema está en cómo se obtiene la energía, de dónde provienen los recursos para instalar estas granjas y quién termina recibiendo las ganancias que generan.

Por eso hay preguntas muy sencillas que deben responderse:

¿Quién compró los equipos de Tlaola?

¿Quién pagó la instalación?

¿Desde cuándo funcionaba?

¿De dónde obtenía la electricidad?

¿Cuánto consumió?

¿Y a qué cuentas o carteras digitales llegaron las criptomonedas producidas?

Porque 300 máquinas no llegan solas a la Sierra Norte.

Alguien las compró, alguien las transportó, alguien consiguió el lugar, alguien instaló la infraestructura eléctrica y alguien recibió, o esperaba recibir, las ganancias.

Ese es precisamente el punto que debemos investigar.

También hay algo profundamente injusto si se confirma el uso irregular de electricidad. Miles de familias y pequeños negocios hacen esfuerzos para pagar puntualmente sus recibos. No sería aceptable que alguien utilizara de manera ilegal esa misma energía para obtener ganancias privadas.

México no debe tenerle miedo a las criptomonedas ni a las nuevas tecnologías. Son parte de una economía que está cambiando rápidamente. Pero precisamente por eso necesitamos entenderlas y establecer controles que impidan que sean utilizadas para ocultar dinero o financiar actividades ilegales.

El antecedente de Nuevo Necaxa y lo descubierto ahora en Tlaola deben prender las alertas.

No se trata de especular ni de señalar culpables antes de tiempo.

Se trata de investigar.

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