El giro estratégico de Canadá
La política, por naturaleza, atraviesa periodos de incertidumbre en los que la experiencia, el instinto y la asesoría técnica permiten sortear la complejidad de los momentos críticos.


La política, por naturaleza, atraviesa periodos de incertidumbre en los que la experiencia, el instinto y la asesoría técnica permiten sortear la complejidad de los momentos críticos. Sin embargo, desde la llegada de Donald Trump, tanto la política interna de Estados Unidos como el sistema internacional han transitado de la incertidumbre a una etapa de alta volatilidad, marcada por decisiones unilaterales y una lógica de presión constante.
En ese contexto, Canadá fue uno de los primeros países en experimentar el temperamento trumpista, agresivo, desafiante y coercitivo. Fue objeto de amenazas arancelarias e incluso de declaraciones que planteaban la anexión del país como el “estado 51” de la Unión Americana. La falta de liderazgo político firme y una negociación deficiente frente a Washington precipitaron la salida de Justin Trudeau como primer ministro.
Con el relevo político, el nuevo primer ministro Mark Carney modificó de manera sustantiva la postura canadiense frente a Estados Unidos, adoptando una estrategia más resistente y orientada a la defensa del interés nacional. Este giro incluyó un golpe de timón hacia el gigante asiático, China, en una clara señal de diversificación estratégica.
Tras ocho años, un primer ministro canadiense fue invitado por Xi Jinping a China, como gesto de diplomacia conciliadora y reconfiguración de relaciones. El nuevo entendimiento permitió a Canadá un nuevo entendimiento comercial, para exportar canola y otras semillas con una reducción arancelaria del 84 % al 15 %, así como autorizar la entrada de automóviles eléctricos chinos al reducir la tasa de importación del 100 % a una preferencial del 6.1 %, permitiendo inicialmente hasta 49 mil vehículos, con la perspectiva de aumentar a 70 mil en cinco años.
Este acuerdo envía un mensaje claro a Washington, diversificación comercial.
Canadá comienza a jugar sus cartas de negociación frente a Estados Unidos, particularmente en el sector energético, del cual depende casi la totalidad de sus exportaciones hacia el mercado estadounidense. A diferencia de México, que ha optado por una estrategia conciliadora, Canadá ha decidido tensar la relación y ampliar su margen de maniobra frente a Trump.
Este escenario de volatilidad abre también la posibilidad de una renegociación del TMEC, un proceso para el cual México debe estar preparado y anticiparse.
Por ahora, Canadá ha fijado una postura de confrontación directa frente a los intereses trumpistas. El siguiente foco de tensión será Groenlandia, donde Estados Unidos ha manifestado un interés estratégico, y donde Canadá se ha alineado con la Unión Europea, Gran Bretaña y Noruega para rechazar cualquier intento de anexión, aun frente a nuevas amenazas arancelarias.
