Empleo formal, informal e impacto del conflicto en Medio Oriente en los commodities

El comportamiento reciente del mercado laboral mexicano revela una de las tensiones más complejas de la economía actual: la coexistencia de mayores niveles de ocupación con un deterioro en la calidad del empleo y una creciente presión sobre el poder adquisitivo de los trabajadores.

4/17/20265 min read

Empleo formal, informal e impacto del conflicto en Medio Oriente en los commodities

El comportamiento reciente del mercado laboral mexicano revela una de las tensiones más complejas de la economía actual: la coexistencia de mayores niveles de ocupación con un deterioro en la calidad del empleo y una creciente presión sobre el poder adquisitivo de los trabajadores. Las notas periodísticas recientes, coinciden en describir un fenómeno que, además de ser contradictorio, responde a una dinámica estructural: más personas trabajan, pero no necesariamente en mejores condiciones y su ingreso real se ve mermado por el aumento sostenido en los precios, especialmente de los alimentos.

A simple vista, pudiera parecer que el incremento en el número de personas ocupadas es una señal positiva. Puesto que cifras oficiales indican un aumento significativo en la población ocupada durante los primeros meses de 2026, lo cual sugiere una recuperación del mercado laboral tras los impactos de años previos. Sin embargo, un análisis más profundo nos permite matizar que este crecimiento no está impulsado por el empleo formal, sino en gran medida por la expansión de la informalidad. La generación de empleos formales ha mostrado signos claros de desaceleración, con cifras particularmente bajas en marzo de 2026 en comparación con años anteriores. Esto implica que, aunque más personas logran insertarse en alguna actividad económica, muchas lo hacen en condiciones precarias, sin acceso a seguridad social, estabilidad laboral ni prestaciones. Esta situación da lugar a una “paradoja laboral”: el aumento de la ocupación no se traduce en una mejora proporcional del bienestar, pues la razón principal radica en la calidad del empleo generado.

El sector informal, vuelve a cobrar protagonismo en un contexto donde la economía no crece lo suficiente como para generar empleos formales al ritmo que demanda la población y se intensifica cuando el crecimiento económico es moderado y las empresas enfrentan condiciones adversas, como mayores costos operativos o incertidumbre económica.

Aunado a lo anterior, el comportamiento de los salarios juega un papel de importancia mayor, pues en términos nominales, los ingresos han aumentado, impulsados en parte por las políticas de incremento al salario mínimo. No obstante, este aumento resulta insuficiente cuando se contrasta con la evolución de los precios, particularmente los de la canasta básica alimentaria, ya que de acuerdo con los reportes recientes, el costo de los alimentos ha crecido aproximadamente 67% en los últimos ocho años, muy por encima de la inflación general, que ronda el 45% en el mismo periodo. Siendo crucial al considerar que los alimentos representan la mayor proporción del gasto para los hogares de menores ingresos.

Se concluye entonces que aunque los trabajadores perciban más dinero en términos absolutos, ese ingreso alcanza para menos bienes y servicios esenciales. La situación se agrava si se considera que los incrementos en precios no han sido homogéneos: productos clave en la dieta mexicana han registrado aumentos particularmente elevados, lo que impacta de manera directa en el bienestar cotidiano de las familias.

No podemos dejar de lado que entre los factores más relevantes de la inflación y aumento de los precios de la canasta básica, esta el conflicto en Medio oriente que impacta directamente en los commodities. Aunque no se trata de una escasez inmediata, el aumento de los costos estructurales da como resultado una energía más cara, fertilizantes más costosos y que mayores gastos logísticos, estén elevando el “piso” de los precios agrícolas.

Forbes señala que el conflicto también ha retirado del mercado cerca de un tercio de la oferta global de helio, debido a la interrupción en el complejo energético de Ras Laffan. Este gas es clave para la producción de semiconductores, la realización de imágenes médicas y diversas aplicaciones tecnológicas avanzadas. Según el Foro Económico Mundial, si la interrupción se prolonga, podría intensificar la presión sobre un mercado ya altamente concentrado y convertirse en un obstáculo importante para las cadenas de suministro industriales.

Las materias primas ya no se mueven únicamente por fundamentos tradicionales, sino por una combinación de factores geopolíticos, financieros y estructurales. Esto refuerza su papel como herramienta de diversificación, pero también eleva la complejidad del análisis, las commodities no solo reflejan la economía real: se han convertido en un espejo directo de la tensión global.

El actual contexto configura una relación estrecha entre inflación, empleo e informalidad, que puede entenderse como un círculo económico complejo. Por un lado, el aumento en los precios reduce el ingreso real de los trabajadores, lo que genera presión para obtener mejores salarios y por otro lado, las empresas, al enfrentar mayores costos (tanto por insumos como por posibles incrementos salariales), tienden a restringir la creación de empleo formal.

Gracias a ello, se limitan las oportunidades laborales de calidad y se orilla a una mayor proporción de la población hacia la informalidad, lo que implica menores niveles de productividad y menor recaudación fiscal, restringiendo la capacidad del Estado para implementar políticas que contrarresten estos efectos.

La informalidad permite que el desempleo abierto no aumente de manera significativa, pero lo hace a costa de la calidad del empleo. Los trabajadores informales suelen percibir ingresos más bajos, carecen de protección social y enfrentan una mayor vulnerabilidad ante choques económicos. Desde una perspectiva macroeconómica, esto se traduce en una economía menos eficiente y con menores posibilidades de crecimiento sostenido.

A medida que los hogares destinan una mayor proporción de su ingreso a cubrir necesidades básicas, como la alimentación, se reduce su capacidad para gastar en otros bienes y servicios, dando como resultado un debilitamiento del mercado interno, que es uno de los motores fundamentales del crecimiento económico. Además, limita la capacidad de ahorro de las familias, incrementando su vulnerabilidad ante imprevistos y reduciendo sus posibilidades de movilidad social.

En conjunto, el panorama descrito evidencia que el problema central no radica únicamente en la cantidad de empleo disponible, sino en su calidad y en su capacidad para sostener el nivel de vida de la población. La economía mexicana enfrenta el reto de romper con esta dinámica en la que el crecimiento del empleo no se traduce en bienestar. Para ello, es necesario impulsar políticas que fomenten la formalización laboral, aumenten la productividad y contengan las presiones inflacionarias, especialmente en sectores clave como el alimentario.

“La síntesis del momento es incómoda. El trabajador formal mexicano gana hoy más, en términos reales, que en cualquier punto de la última década. Pero hay menos puertas abiertas para sumarse a ese contrato implícito, y quien se queda fuera engrosa la informalidad o la subocupación “, explicó Enrique Quintana.

En conclusión, mientras no se logre articular un crecimiento económico capaz de generar empleos formales suficientes y mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores, la realidad seguirá siendo la misma: más personas trabajando, pero en condiciones que no garantizan una mejora sustancial en su bienestar.