La Doctrina Monroe del siglo XXI
Durante el siglo XIX existía una seria preocupación por parte de la joven nación estadounidense respecto al posible regreso del intervencionismo de los imperialismos europeos, tras una serie de movimientos independentistas que dieron lugar a nuevos Estados, incluyendo a México.


Durante el siglo XIX existía una seria preocupación por parte de la joven nación estadounidense respecto al posible regreso del intervencionismo de los imperialismos europeos, tras una serie de movimientos independentistas que dieron lugar a nuevos Estados, incluyendo a México. Ante esta situación, la doctrina impulsada por el presidente James Monroe se adoptó como una postura defensiva que exigía la neutralidad de los países europeos frente a los conflictos regionales que se desarrollaron durante ese siglo. Ya en el siglo XX, la doctrina se transformó en un instrumento intervencionista utilizado para promover cambios de régimen, ejecutar operaciones encubiertas y expandir la influencia económica y, sobre todo, militar de Estados Unidos.
Hoy se pretende reactivar una versión remasterizada de la Doctrina Monroe bajo el mandato de Donald Trump, quien busca justificar una política exterior agresiva y amenazante contra países que, a su juicio, atentan contra los intereses ultranacionalistas estadounidenses. Sus objetivos son claros: mantener el control del hemisferio occidental ante tres amenazas contemporáneas la migración, el crimen organizado y la creciente influencia de China en la región.
Trump plantea reducir la proyección “universal” de Estados Unidos para concentrarse en el dominio del continente americano y en ciertas regiones geoestratégicas del mundo. Su estrategia se basa en la diplomacia coercitiva, una política energética centrada en el impulso del gas y el petróleo, la amenaza de intervención militar y el reclutamiento de liderazgos locales para influir políticamente en América Latina.
Sin duda, México tendrá un papel de alta cercanía con Estados Unidos, por lo que debe afirmar con claridad su interés nacional, preservando la soberanía energética y alimentaria, y sosteniendo una renegociación inteligente del T-MEC, columna vertebral de nuestra estructura económica. El reto requiere un respaldo total a la presidenta Claudia Sheinbaum y al impulso del desarrollo nacional, con el fin de reducir la brecha asimétrica en la relación entre México y Estados Unidos.
