Venezuela y el nuevo orden que se aproxima

Lo acontecido en Venezuela ha sido un golpe sobre la mesa que evidencia los intereses de una clase política con una visión de derecha, intervencionista y con escaso respeto por el derecho internacional y los marcos institucionales que lo sostienen.

1/5/20262 min read

Lo acontecido en Venezuela ha sido un golpe sobre la mesa que evidencia los intereses de una clase política con una visión de derecha, intervencionista y con escaso respeto por el derecho internacional y los marcos institucionales que lo sostienen.

Durante décadas se ha intentado forzar un cambio de régimen en Venezuela mediante presiones diplomáticas, bloqueos económicos, sanciones internacionales y operaciones de inteligencia. Sin embargo, una intervención militar directa representa una dimensión distinta: responde al interés por el control de los recursos, la imposición de un modelo ideológico-político y la reconfiguración del orden internacional.

El principal interés de Estados Unidos es el petróleo. Venezuela cuenta con 303.2 mil millones de barriles de reservas probadas, lo que equivale al 19.4 % del total global, una cifra que garantiza la seguridad energética norteamericana y refuerza el control de los precios frente a la OPEP. Además, esto impulsa un modelo de extracción de riqueza en beneficio de grandes petroleras como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips, asegurando el respaldo de sectores económicos clave dentro de la política interna estadounidense.

Trump no busca una transición democrática genuina, sino un liderazgo funcional que garantice estabilidad política y social para una negociación estratégica. En ese escenario destaca Delcy Rodríguez, exvicepresidenta y actual figura central del gobierno venezolano, quien ha ofrecido una cooperación abierta con Washington y puede fungir como puente hacia una transición con tintes de reacomodo político, orientada hacia un modelo de derecha encabezado por María Corina Machado.

En el fondo, se trata de un cambio de régimen. Con el regreso de la Doctrina Monroe bajo el llamado “corolario Trump”, el mundo retrocede a una lógica del siglo XIX, dejando de lado el multilateralismo, la cooperación y los marcos institucionales, para dar paso al realismo político, basado en la seguridad nacional, la coerción y la diplomacia del más fuerte. Las zonas de influencia de las grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia) ya están delimitadas, y en América Latina se perfila una nueva ola de intervencionismo.

México debe actuar con una diplomacia inteligente y estratégica para construir consensos amplios. Hoy no se observa un riesgo inmediato, pero la irracionalidad de sectores de la clase política estadounidense no puede tomarnos por sorpresa.

Venezuela y el nuevo orden que se aproxima